Reflexiones pedagógicas para transformar realidades

Jaime Benjumea cerró el ciclo de ponencias en esta tercera tanda del Congreso colocando el acento en que una de las principales cualidades del educador popular, su permanente capacidad para adaptarse a los cambios.

 

Y desde esta premisa explicó que esa “escuela” que parecía inmóvil, terminó siendo estremecida con los impactos de la pandemia, y con ella los maestros.

 

Reflexionó que como miembros de Fe y Alegría, en cualquiera de sus roles, debemos tener la potencialidad de enfrentar estos cambios que generan desigualdades habilidades para poder cerrar esas brechas.

 

Dicho de otro modo, Benjumea apuesta por elevar el nivel de compromiso que conlleve a abordar las dinámicas cambiantes con propuestas y acciones creativas y eficaces para no agudizar esas desigualdades.

 

Por eso es que habla de ser capaces de “imaginarnos esos modos de organización acordes a esa nueva sociedad y orden social que queremos, y actuar en coherencia con los principios del Movimiento”.

 

Partir de la realidad

En un documento de trabajo citado por el investigador, fueron los docentes los quienes lo complementaron con sus aportes.

 

En ese sentido, partieron del postulado que reza que la educación popular debe partir de la realidad para poder hacer una lectura crítica de ella. “Y la pregunta que nos hacen es ¿qué lectura hacemos de la realidad que estamos viviendo?”.

 

Y una de las respuestas que surgen, a raíz del nuevo retorno a las escuelas, es que la realidad nos muestra que debemos atender, con urgencia, el gran rezago escolar que hay en los estudiantes.

 

La pandemia nos enseñó que “tenemos que trabajar con las familias, con la comunidad, es volver a la escuela de la educación formal, a recuperar las familias, la comunidad como aliados en el proceso de aprendizaje de nuestros niños, niñas y jóvenes”, apuntó Benjumea.

 

Otra de las enseñanzas de esta situación pandémica es que hay que activar procesos de selección curricular para determinar lo importante que hay que enseñar en las escuelas, ya que a veces hay contenidos que no terminan siendo significativos para las personas.

 

Otro de los factores a incorporar en esta lectura de la realidad es acentuar el desarrollo del pensamiento crítico en torno al uso de las nuevas tecnologías.

 

Ciudadanos de primera

Benjumea fue enfático cuando señaló que “los estudiantes tienen que aprender todo en la escuela para que puedan ser ciudadanos de primera”.

 

El postulado del reconocimiento de la diversidad también fue reflexionado por los educadores de Fe y Alegría. Aquí se trata de visibilizar las diferentes visiones en lo político, en lo religioso, en lo cultural, dentro del hecho educativo.

 

Pero aclaró que no es cuestión “de decir que todo vale sino de aplicar el respeto básico y razonable que se promueve desde esa metodología que tiene Fe y Alegría que es la negociación cultural”.

 

Igualmente, expuso que otro de los principios discernidos, muy propio del Movimiento, “es que debemos partir siempre de la práctica de los participantes, seguir con el proceso de teorización que permita comprender la práctica y volver de nuevo a ella”.

 

El diálogo permanente entre todos los actores del acto pedagógico, la aspiración de alcanzar una vida en plenitud, también motivaron los aportes de los educadores.

 

Estos principios solo se alcanzan integrando aspectos emotivos, espirituales, cognitivos en la formación de los estudiantes.

 

El investigador educativo destacó que las pedagogías deben ser, hoy más que nunca, innovadoras.  Esto quiere decir que dentro de los cambios que tiene que dar la escuela, la educación popular, está el de convertir a los marginados en ciudadanos y aseguren su plena dignidad, logrando adquirir todas esas competencias y capacidades que son necesarias para este nuevo mundo.

 

Conquista que “les permita desarrollarse en todos los ámbitos de la vida, en el personal, en lo profesional, en el académico pero también lo trascendente”.

 

Advirtió que las herramientas didácticas no son solamente para ser más eficaces sino también para llegar con más atención a las personas, “para relacionarnos más con ellas, para cuidarlas, para poder conectarnos”.

 

Un educador que sabe relacionarse consigo mismo

En la recopilación que presentó, también resaltó que es clave para el educador popular que pueda relacionarse consigo mismo, que pueda tener una comunicación intrapersonal más íntima y que se puedan generar “esos ambientes cálidos donde sea posible la humanización”.

 

Para cerrar enumeró las reflexiones de los propios educadores hacia sus prácticas alrededor de los aspectos personales, profesionales, curriculares y metodológicos.

 

En lo personal insistieron en que hay que tener pasión a la profesión desde la vocación de servicio, capacidad de escucha, la empatía, la creatividad, la solidaridad, la espiritualidad, la mística.

 

También implica tener muy buen manejo de las emociones para saber ser guías de los estudiantes.

 

En el aspecto profesional señalaron que uno de los retos es crear sus propios materiales, es decir, producir conocimientos.

 

Significa trabajar propuestas educativas que atiendan a las familias en los contextos complejos que les toca vivir. Fue atrevido al afirmar que “no podemos ser idiotas de las editoriales. Tenemos que ser capaces de crear nuestras propias guías de trabajo y módulos”.

 

En este sentido propuso recapitular y sistematizar todas esas prácticas, producción de conocimientos y saberes propios para convertirlos en capital de conocimiento acumulado y trabajado.

Te invitamos a revivir el encuentro de hoy.

 

 

Alexander Medina

Fe y Alegría Venezuela

 

28 de octubre de 2021